El Ferrocarril Central Córdoba,

  Nacimiento y después, (fines de 2004)
 El Ferrocarril Central Córdoba nacería el 3 de julio de 1987, idea loca de los hermanos Pistelli para disputar picados de barrio e índole escolar. El nacimiento familiar-barrial del glorioso equipo obrero habla de su época amateur. Debía su nombre a la Estación Ferroviaria de espaldas al Estadio Gabino Sosa. Era casi una dedicatoria al conjunto charrúa.  Años después, cuando el torneo de Dogos de abril y mayo de 1994, y tras el nacimiento del club Zaragoza en aquel entonces “Barcelona”, Mariano González Bowles busca armarle la contra. Genera el equipo de fútbol que enfrente a los catalanes. Su cantera de jugadores es el famoso “Equipo de los Sueños” (ES). Horripilante conjunto de voley que no rotaba y tiraba el “achique” sin remate, y cosas por el estilo. Despreciado como entidad deportiva, el ES sumaba a sus filas a los desposeídos sociales del país que encontraban refugio comunitario en sus filas. La semilla vulgar estaba en él. Juntar a aquellos, que despreciados por malos jugadores, deporteaban por amor al arte y sin que se les diga que “mal juega”. No tardaba Bowles de organizar el nuevo equipo cuando Pistelli traía el viejo nombre familiar. Los vulgares de antaño, forjaron su amistad en la mítica “Banda del Diez”, que se volvía caminando a las casas cruzando la Estación F. C. Córdoba. El nombre era de rigor. Ferrocarril había nacido. 

Debut y el primer papelón, En la finalización de abril el torneo de Dogos está programado. Al glorioso Ferrocarril le toca el “Grupo de la muerte”: La Persiana, el mejor equipo de los preceptores; Crotos, el conjunto de Flavio Pricco, el famoso rival de vulgares de la talla de Gramaccini y de Pistelli en el duelo salaíto-charrúa; y Chacarita, el conjunto organizador. 

         La primera fecha se disputaría un domingo por la mañana que se suspende por lluvia. La banda que se congrega en las inmediaciones de Avenida Pellegrini llaman al replanteo. Los organizadores deben contratar seguridad extra porque no se esperaba la multitud obrera. El mismo día fallece Ayrton Senna da Silva, el gran ídolo del automovilismo.
            La siguiente semana comienza la participación obrera: contra Crotos. Forma el obrero aquella vez con Mariano Poles al arco, Pistelli, Alejandro Poles, Guillermo Jardón y Rodrigo Díaz. En el banco de relevos quedaron Andrés Pugliessi, Rodrigo Molinari y Federico Rubín. El padre de don Pipo concurre al Estadio convirtiéndose en el primer hincha de los obreros. La derrota es catastrófica: 0-6.

Pistelli jugó de estratega cuando todos sabemos de su capacidad guerrera. Díaz fue el motor, Rubín el “balinazo”, y a Pugliessi y a Mariano Poles les tocó el papel de habilidosos. Alejandro Poles es los huevos que al equipo le faltaría en todo el torneo. 

La revancha la tienen la siguiente semana. Contra Chacarita, el duro rival organizador, que venía de perder en el debut. A los segundos de empezado el partido, Pugliessi anotó el primer gol de la historia del club, que sería el único del torneo. Desborde por la derecha y remate cruzado. Por cinco minutos Ferro se lo llevó por delante al rival, pero sin arquero fijo y neto, la goleada no tardó en llegar: 1-9. Pistelli golpearía el caño superior con un disparo de la mitad de cancha, pero no pudo ser esa vez.            

Minutos después llegó la despedida del certamen enfrentando a La Persiana. Fue un contundente 8-0 aunque la parcialidad organizadora, los “famosos funebreros” alentaron por el obrero en aras de un resultado que les favoreciera. El caño de Mariano Poles fue la nota del partido, y los pañuelos en el cielo como muestras de agradecimiento del hincha por formar parte de ese conjunto de hermanos, locos lindos y disparatados jugadores de fulbo.

Como debut futbolístico sería un fiasco, pero la gente iba a ver la hermandad nacida en un Bondi no menos famoso. Los obreros estaba para quedarse. 

Clásico y muerte, Los estrados sociales del famoso curso Quinta formaron cuatro escalones bien diferenciados: En primer lugar la oligarquía más rancia, aristocráticos jóvenes rodeados de las pocas chicas del curso: Pugliessi, Rosental, Lisandro Martínez, Molinari, Rubín. Con ellos los “olfachones” que se sentaban delante: Franicevich, Leo, Benítez, Paniagua, Franceschina, Vives Díaz. En segundo las formidables clases medias por doquier, base leprosa de operaciones y del conjunto catalán: Mauro Martín, Pablo Rojas, Diego Spoto y Daniel Gramaccini – la banda del 122- Pablo Delorenzi, Matías Orué y Gustavo Pérez. En tercero las masas marginales: Enjuto, Moriconi, Severo, Rivera,  Díaz, Valenta, Lascano. Por luego, la conjunción antisocial pero dramáticamente rebelde: Pistelli, Poles y Leandro Martínez. Desprendidos de sus clases, Franicevich, Leo y Benítez, Gramaccini, y el siempre equilibrista Díaz se sumará a las filas que luego llamaríamos vulgares.La primera conformación social del equipo obrero juntaría a oligarcas y vulgares, para dejo de asomo de muchos. 

Los clásicos nacen por una cuestión de necesidad de competencia: los chicos que jugaban en clubes y formaban la Selección de la Quinta campeona de 1993 y 1994, contra los marginados por malos. Pistelli, personaje neutro de aquí y allá, era el jefe del Ferrocarril en el clásico contra los catalanes, pero a la hora de conformar la Selección, no dudaba en dejar fuera a sus hermanos de causa. Se lo reprocharían años después tras un nefasto suceso en la primavera de 1994.

La selección de la quinta ganará el campeonato de cursos de 1993 por un famoso score de 15-0, con goles y participación de Gramaccini y Pistelli. Ya en 1994 los vulgares tienen mayor ingerencia en el segundo título. Pero de donde quedaban fuera por decisión de Pipo, eran del match contra la división quinta inmediatamente inferior al curso: Donde los catalanes más Pipo y Gramaccini vestían la casaca de la selección. Eran el segundo grupo del “Beto” Carranza en carpintería. Recién en 1995, una selección netamente obrera derrota con facilidad a los rivales y dan por terminado con los desafíos. Será el primer gran triunfo del Ferrocarril Central Córdoba.  

El clásico urgía. Y más cuando en los enfrentamientos amistosos de los recreos de los talleres, Ferro con garra les ganaba siempre. Finalmente, catalanes y obreros se verán la cara oficialmente: Fue derrota por 8 a 3. Los resultados negativos acompañaban la marcha del equipo. Aquella vez debutarían Severo y Gramaccini con la casaca obrera: No la dejarían más. 

Años de silencio y el fracaso a Bariloche, Después de perder el clásico, Ferro deja de jugar. Pero la motivación futbolística enciende un nuevo desafío: el Nápoles de Pistelli, Martín, Rojas, Franicevich y Rosental. Enfrente el Ferrocarril reforzado por Delorenzi y Pérez, con el nombre Juventus. Ganaron los primeros en una dudosa final con Pistelli árbitro: Bochornoso.

En partidos al mejor de cinco, los dos primeros los gana la Juve, empatan el tercero y Pistelli, viendo la derrota, deja de jugar. Nápoles gana dos, empareja la serie y en la final Pistelli dirige como “neutral”. La cosa era por un asado: Severo, a la sazón portero de la “Vecchia Signora” deja el equipo en la mitad del partido: Díaz no fue ni a jugar. Hubo amenazas a la casa del Solferino: “El asado lo pagás vos, colorado hijo de p…” 

La pasión del fútbol continúa ahora en un cuadrangular: Martín reúne al compinche de toda su visa, Chocho, con su compañero de ruta Pistelli y forman el Benfica. El socio dilecto de Martín, Pablo Rojas, formará con los obreros un club de antología: Victoriano Arenas. Pistelli abandonaba a los obreros una vez más.

De los cuatro equipos, tres son de origen obrero: el Arsenal integrado por Pugliessi, Rosental, Rubín y Molinari, los obreros “putos” (sic) y Juan Manuel Valenta, la estrella catalana; la base social del Obrero: Severo, Poles, Gramaccini, Díaz, Lascano y el ídolo catalán Pablo Rojas; y un tercer equipo que bien podría hacernos acordar al Equipo de los Sueños original: Pistelli, Leo, Martín Blanco, Jardón, Vives, y el arquitecto del fútbol, Diego Spoto. Sin el Pipo, Martín y Delorenzi formarán al campeón del torneo, “Bataraceros”, integrado también por Franicevich, Enjuto, Fraile y Moriconi. 

Recién a mediados de 1995, el Ferrocarril se reorganiza. Un amplio y gran torneo por estadías a Bariloche obligan a los obreros a rejuntarse. Pistelli hace un llamado a los “botines”: Los “putos” concurren con alegría,  Se arman con la base del Victoriano Arenas más Leo y Franicevich. Las glorias obreras todas reunidas por el gran objetivo: Ganar el Campeonato y viajar a Bariloche. 

El campeonato es un sin fin de anomalías. La noche anterior al sábado 7 de octubre llueve torrencialmente y todo hace suponer de su suspensión. Convocado para las nueve de la mañana, los organizadores aparecen a las 12. Los obreros concurren raleados: algunos de caravana y Poles con lesión en el dedo del pie.  

El equipo forma con Poles al arco; Pistelli, Leo, Díaz, Franicevich. Al banco Paniagua y Arredondo, del barrio Alberdi. El primer partido, contra el rival de mayor jerarquía, el glorioso Ferro deja el alma y le pega de punta para arriba. No juega a nada más que a mantener el cero. Llegan los penales, y como Maradona contra los yugoslavos en el Mundial, a Pistelli le atajan el penal fácilmente. Leo ataja y convierte el suyo, nuevamente ataja y Díaz define la serie. Delirio en la playa de La Florida y sueños de campeón.

La segunda fecha, con descanso, se enfrenta a un equipo difícil de edad promedio un año menor. Si los obreros eran de cuarto año, el rival era de tercero. Catastrófica derrota: 14-0. 

El tercer partido final obliga a Ferro a ganar para provocar un desempate. Juegan contra chicos de la primaria del La Salle. Al principio baile y dos a cero abajo. Los chicos de tercer año, que querían forzar un desempate, incentivan al obrero en el entretiempo para darlo vuelta. Y por plata cambia la bocha: Díaz descuenta, y Ferro se lo lleva por encima ante el aliento ensordecedor de propios y extraños. El zapatazo de Franicevich empata el partido, desatando el delirio y la invasión del campo. Era el tercer gol oficial de la historia obrera. Pero después, bajando los brazos fruto del cansancio, cayó inmerecidamente 4 a 2. El campeonato se les escapaba otra vez. 

Mar de recuerdos, Pasaría todo 1996 sin jugar. Apenas conformando la “defensa” aguerrida de educación física con Blanco. No se la tocaban a los medios y delanteros: todos eran del Zaragoza, nuevo nombre de los catalanes. Recién en el verano de 1997, el equipo se va de pretemporada. Cercanías de Villa Gesell, camping de Mar Azul. En el mismo lugar, los calzonudos del Barcelona. El clásico se hizo inevitable:

Los navarros forman con el “fantasma”, Rojas, Martín, Delorenzi, Lascano y Franicevich. Los obreros, el quinteto ideal: Leo, Gramaccini, Díaz, Pistelli y Poles.  Se les gana el primer partido, y se les ganaba el segundo, cuando promediando el mismo, Valenta salta la cerca. Le dicen del otro cuadro que juegue para Ferro, pero la rubia se niega y se une a los “putos”. Lascano, que debió pasar al obrero se va: Quedaban seis jugadores contra cinco, a favor  ellos y nos ganaron el segundo partido. Tuvimos que ir a desempate por los porrones a cinco goles.

 La gloria del gran Ferro nace en esas tardes con incidentes por la noche. La policía concurre al camping pretendiendo llevarse detenidos a jugadores e hinchas. Poles se trenza con Franicevich a golpes de puño tras caerse graciosamente y producirse el “vaquimoto”. Todo eso sucedió la noche que Ferro les ganó a los comechigones esos, Les arrebatamos a esos macaneadores la verdad del fulbo: El fulbo es para los que tenemos corazón.  

El Famoso toque, pared, contra pared y gol, Todavía los españoles, con la sangre del ojo, le jugarán una revancha al conjunto obrero en el Monumental de la Siberia, Desafío organizado por Daniel Gramaccini, ausente en el compromiso: Ellos forman con Felipe Díaz; Delorenzi, Martín y Rojas. Nosotros con el legendario cuarteto: Leo y Pistelli; Díaz y Bowles.

El primer partido es baile navarro con los míticos cambios de frente que enloquecieron al glorioso Ferro. Pero en la revancha del mismo día, Pistelli y Díaz concretan la famosa jugada que da título a este capítulo de la historia: Ganan los obreros, desatando el delirio de la gente. Un extraordinario tubo de Poles queda registrado en la historia con un ole no menos olímpico. 

Cuando pa’l norte me voy, Entre 1998 y 1999 el conjunto obrero disputará el torneo desafío “norte-sur”, contra el “Gallos Fútbol Club”, de Alberdi. Los partidos se disputan en el Municipal de Villa Hortensia. Ferro forma con Leo, Pistelli, Díaz y Severo. A treinta puntos, tres por partido ganado, el ganador se llevaba el honor a casa.

Díaz seguía siendo el pulmotor del equipo; Pistelli y Leo, las columnas en el fondo. Surge la figura estelar de Rodrigo Germán Severo, el viejo gran arquero, de delantero goleador y unas gambetas que recordaremos después en un Carlos Tévez, ejemplo.  

El primer partido se gana tranquilo. El segundo sobre el final, previa media vuelta de Pistelli. Se empata el tercero, y el campeonato pasó para 1999.

Comienzan los problemas internos. La revista que cubre el evento polemiza con temas crueles. Díaz es bastardeado como en la secundaria. Un nuevo vía crucis para el Colo que opta por dejar el fútbol. El equipo se desune, mientras decae el armónico diseño táctico de los primeros partidos. 

El rival iguala la serie, y sólo las trampas de Leo y algo de buen fútbol aportado por un Pistelli distinto, le dan al cuadro el título en una polémica final no exenta de severas irregularidades. Un campeón tramposo, podríamos decir. 

Derrota y final, Todavía en 1999 Ferro disputa el último clásico de la historia en el Estadio descubierto de Dogos. Será una apretada derrota pero los recuerdos por el partido es otro:Un cruce duro de Delorenzi corta los ligamentos de Gramaccini. El “Flaco” no jugará más hasta 2003. Un famoso disparo de mitad de cancha de Pipo a Martín y caños y gran fútbol de Poles, aplaude la gente. Ese día nació el idilio del venezolano con la hinchada. Pistelli cedió la cinta de capitán para el ídolo popular. 

Ocaso y después… No jugarán más. Recién en el 2002 Franicevich organiza el “partido homenaje al Colorado para desistirlo de su viaje a Barcelona”: El rival los amigos de Jordy. Pero en Ferro faltan Leo y Severo desafectados del plantel; Franicevich y Gramaccini viendo el partido desde la banqueta de lesionados. Pistelli, Díaz y Poles producen un papelón bochornoso. El homenajeado no convierte un solo gol.

El glorioso Ferro deja de jugar. Su gente se dispersa entre triste y olvidada. Recién en el 2005 Ferro vuelve a las canchas. 

El cuento de un regreso, Los vulgares están de vuelta con un equipo de elite: Severo vuelve al arco y al equipo tras seis años; Pistelli, Poles y Gramaccini juegan juntos después de seis, también; Arriba un primo de Pipo. El equipo dispone de buen fútbol y goles, Perdiendo con dignidad. La multitud colma las gradas y espera ansiosa la gira prometida para culminar jugando el clásico con Zaragoza en julio.


El Vulgarismo,  “Si me dijeran que defina a un vulgar dentro de una sociedad en movimiento estilo peatonal; Yo le diría, ése, ése es un vulgar: Se destaca su estilo vago y atorrante, perezoso y buenazo, niño familiero y juguetón. Corporalmente hablando, una granjeada voluntad pachorra, barba crecida y mal afeitada, cabellos más bien sucios y despeinados; vestido para la ocasión, ojos de seductor simpático; fragancia a cerveza recién salida del refrigerador. Caminando sin ton ni son, observando a las mujeres esperando el cruce de miradas, para bajar los ojos. Perdedores natos, los gana a la multitud el universo en el que se desenvuelven. Se acoplan a las agrupaciones con facilidad porque tienen instinto de encontrar refugio calentito donde descansar. Son la fiaca misma, la estufa sin encender en invierno, un ventilador de pedos. Un sentimiento, y un amor, unos guachos y lo que es peor: Buenos vecinos de cualquier vecindad” 1  


[1] Como siempre los rivales de toda la vida llevando un nombre poco original y de fuera del país.

1 Extraído del libro del doctor Doc Petroff “Ciencias de la Sociedad: el hombre vulgar en la sociedad moderna”

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Published in: on 24 agosto 2007 at 12:13 am  Comments (1)  

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  1. […] jugaba en la primera de Ferrocarril Central Córdoba, el famoso equipo obrero de los vulgares. De los veinticinco partidos como titular en los siete […]


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