Vida de Paisano (1996-2003)

Los atardeceres del Politécnico eran sabrosos si olían a ginebra y borracheras, solían realizar Leo, González Bowles, el “mahatma” Manuel Valenta, Severo, Díaz, Gramaccini, Jardón, Benítez, etc. Pistelli, siempre cauto y parco, elegía concurrir a clases como si nada. En eso días donde la ginebra sabía mejor sin mujeres, el entristecido fundador del Ferrocarril Central Córdoba se recluye en su locura. Y ataviado entre recibirse y cambiar de aires, concibe su mayor creación, posiblemente en los meses que van de mayo a julio de 1996. No había nombres para esa caricatura de sí mismo, mezcla rara de Principito con gauchito argentino, y sones de comisario del Far West norteamericano. Garabato inexacto de un dibujante frustrado y tenaz, aparece en el margen de las hojas de un grupo de trabajos prácticos de una materia para el olvido sino fuera por el grupo mismo: Prácticamente la base del Vulgarismo: Díaz, Leo, Pistelli, el entonces enano garra Polito. Paisano nacía bajo el influjo de esa notable gama de estrellas. 

Dibujado a la marchanta, vestía sombrero de coya boliviano, caído sobre una de sus orejas; bufanda al cuello, cuando sus inclinaciones “principescas” o pañuelo atado en nudo, cuando se vuelca al campo argentino. Bombachas largas que se pierden en el dibujo en forma de pantalón, zapatos estilo disney, y los brazos en jarra apoyados en la cintura. A veces Pistelli lo hacía calzar bastones con pancartas de protesta a lo sucedido. O lo acompañaban personajes dibujados por Leo en son de sorna. Paisanito adoptaba un perfil propio en la banda y hasta se daba el lujo de hacerles creer que tenía vida propia. 

En el año 97, Paisano acompaña la incursión universitaria de Pistelli en la Facultad de Derecho. La dupla creativa escribe novelas y escritos que le dan al Creador chapa de una bohemia barata y remendada. “Sueño Francés”, su novela histórica ambientada en la Revolución Francesa y la siguiente pensada en los albores de la Argentina de principios del siglo XIX, son productos del dúo. Bajo el nombre de su creación, Pistelli participa del concurso literario “Premio Clarín de Novela” resultando cómodamente derrotado.  

El año siguiente, 1998, será de grandes cambios en la vida de Paisano. En enero, los vulgares se separan del resto de la Quinta, y Paisano firma la Declaración de Independencia con fuertes palabras hacia los “quintistas”. Era una declaración de guerra, que los suyos archivarán, provocando el primer exilio hacia su tierra natal en Saint Tèrriéns. No conocía la entraña de su suelo dado que siendo muy chico ya estaba en Rosario. Recorrerá sus caminos muy emocionado y reconfortado con sus compatriotas. Era ídolo y a poco ya departía noches enteras en la movida bohemia lugareña con el Duque de Saint Tèrriéns y el Conde de River Side.            En marzo está de vuelta para concurrir al aniversario incaista y conoce al amigo de toda su vida: el alcohólico vodka Doc Petroff. Las andanzas juntos, llenas de borracheras, peleas y engaños de mujeres ajenas marcará la amistad entre ambos.

En el invierno argentino los vulgares inventan el término que les da vida propia y Paisano los saluda desde Saint Tèrriéns. Las discusiones profundas en el plano interno alejan a algunas eminencias del seno vulgar. Por lo pronto, hace buenas migas con “Imanón” Arias, la española creación de Leo. El ingreso de Pistelli en política provoca su regreso al país. Eran los tiempos de discusiones filosóficas de la gran armada vulgar. Paisano participa polémicamente en contra. “El Vulgarismo no tiene filosofía pues nace del ‘Vulgo’ sin más credo y religión que vivir la vida”. A su vez que conforma con Petroff y el Conde de River Side, la Cofradía Vulgarista.

La vocación política consume las mejores horas de Pistelli. Paisano lo reemplaza en la conducción interna del movimiento pipista y del vulgarismo mismo. Junto a Petroff discuten acaloradamente. El alcohólico vodka denuncia la injerencia del credo radical en el vulgo como una defección hacia las grandes banderas. Como la mayoría de los vulgares se vuelcan al Radicalismo, Petroff se vuelve a Rusia. Paisano permanece jefe vulgar hasta que el Duque de Saint Tèrriéns asume el poder en su patria y decide volver para hacerle la contra. No comulgaba con el noble, fundamentando en que el “vulgo” era la génesis de sus progenitores. Expulsado de su tierra natal, deberá afincar en España y luego en Escocia. 

Argentina estalla en diciembre de 2001. A los vulgares la crisis les hace mella. Poles se entrevista con el Papa y Díaz anuncia su partida a España. De toda crisis surge el Renacimiento. Así como 1996 fue la consumación de las amistades entrañables y 1998 el surgimiento vulgar, 2002 marca el renacimiento de los vulgares. Ya no estará Leo, pero vuelven Franicevich y Severo. Las Convenciones Vulgares se reúnen y discuten la filosofía del Vulgarismo. Paisano, evolucionando posiciones anteriores, retorna para defender su tesis en el seno de las deliberaciones. Es el mejor momento de su carrera literaria, alejado ya de las insinuaciones radicales, y volcado a la lectura, mientras Pistelli se reencuentra con las investigaciones históricas. Estrella de la Convención, se reencuentra y entrelaza en un abrazo con Petroff, a la sazón Presidente de la reunión y jefe del Vulgarismo. Mientras Pistelli junta a los Vulgares, Franicevich es el motor de la reorganización. El líder patriarcal de los vulgares irá cediendo posiciones primero en el “Huevo” y finalmente en González Bowles, vuelto a convertirse en el Gran Jefe.  

Empieza su gira por el mundo para sumar adeptos y distribuir las enseñanzas vulgares. Se encontraba en Berlín junto a la “Logia de polacos fracasados” y Doc Petroff cuando llega la terrible noticia de le defección pistellista al credo vulgar. La Convención de los Vulgares expulsa a los padres fundadores por aprobar la “traición”. Golpe de estado en Saint Terriéns depone al Duque de su cargo. Atentado contra Petroff en Moscú por mostrarse dubitativo con respecto a los sucesos de ese terrible finales de marzo de 2003. Paisano, convertido en el jefe del Vulgarismo, asume el gobierno de su patria, llamado por sus con-nacionales. Ratifica lo dispuesto por la Convención, que centra sus actividades en Saint Terriéns, y llama a su lado a Petroff. Cortésmente, el ruso rechaza la invitación.

El Vulgarismo se quebraba en tres: El Vulgarismo ortodoxo de Paisano, la Convención y la mayoría de los países firmantes del tratado de inscripción, los denominados “vulgaristas“, aunque Paisano disgustaba de ese nombre; los “Padres Fundadores” con sus respectivos países detrás; y el “Vulgarismo de Contrabando” del maxismo, con las islas del mundo firmantes de su lado.

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Published in: on 30 agosto 2007 at 5:23 pm  Dejar un comentario  

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