José Martí, entre mis preferidos

Breves palabras,

 José Martí solía escribir que aquellos hombres que peleaban por la Libertad de su Patria se volvían más guapos. Eso explicaría, en parte, porque Menem fue tan, pero tan feo. Pero hablando un poco en serio, ¿a qué se refería Martí con sus frases, y cuántos desamparados sociales por feos se volcaron a la lucha, a la militancia, a la política, en fin, para sentirse un poco más lindos? Cuántas personalidades debieron volcarse a la política para encontrar refugio porque la sociedad en su conjunto los rechazaba. ¿Habrán llevado con ello algún tipo de resentimiento consigo? Pero, dejando de lado reflexiones psicológicas que bien podríamos sentarnos a hablar, quedémonos con Martí. Quiero hablarles del cubano José Martí porque es de las personalidades más vastas de la América Latina y de las mejor preparadas intelectualmente. Si a ello agregamos el halo de leyenda en el que muere peleando por la Libertad de su Patria, tendríamos con nosotros al intelectual, que sin abandonar el campo literario – Campo social fundamental para emprender una Lucha, porque una Lucha que no puede explicarse, menos podrá pelearse – se entrega al campo de batalla con el mismo denuedo y fervor. Martí, además de trazar agudos análisis políticos sobre la Historia Latinoamérica y sus sociedades, les agregaba un contenido emotivo y literario que lo hicieron grande. Hablaba con pasión, el que necesariamente pelearía un mundo mejor, tras haber vivido bajo el yugo español. Hay algunas expresiones vertidas por el escritor que bien vale la pena que las traiga a la memoria, porque todavía en mí, hoy en esta Argentina donde la dirigencia política tan poco me convence de seguirlos, todavía hay palabras que bien usadas y mejor defendidas todavía despiertan entusiasmo, esperanza y ganas…

Ganas de seguir peleándola en la Argentina.  La Libertad dirá una vez es el derecho que tiene todo hombre a ser honrado, y a hablar y pensar sin impedimentos ni hipocresías. Acaso le haya quitado en mi recordatorio la frase misma, pero el contenido en sí, es el mismo. Acaso a sus expresiones les agregue mi propia interpretación de sus palabras. Pero sigo, En América no existía la Libertad, y entonces los hombres no podían ser honrados, ni pensar ni hablar por sí. ¿Qué ha cambiado desde que Martí escribió esas palabras a finales del Siglo XIX y refiriéndose a los albores de la Independencia? ¿Pueden los hombres de Hoy en día hablar con las libertades de las qué habla Martí?  ¿Cuántos sapos hemos de tragarnos algunos para no sufrir una embestida del poder, cualquiera fuera éste, y nos quite algunas de nuestras prerrogativas? ¿Cuánto más ha de ceder el Ser Humano a los poderes de turno para sobrevivir un mes más, en el trabajo, en la calle, en la escuela, en todos los lugares donde pueda desarrollarse como tal? ¿Se puede vivir cediendo siempre, y de rodillas atravesar el largo camino de la vida? ¿Así se educan los hijos? Para Martí, claro, no. Cuando los hombres honrados no pueden desarrollarse, y sirven con mansedumbre a los malos gobiernos; Cuando se terminan acostumbrando a pastorear en los campos ignominiosos que les sirven los malos gobiernos pierden sus dignidades de tales. Y si los niños se educan en hogares donde la dignidad no existe, qué le queda a ese niño sino crecer para convertirse en un bribón. No, dirá Martí, y ejemplificará con dos animales, Fíjense el Elefante, que no tiene crías en cautiverio. O la Llama de la Puna, que no camina si el Indio le agrega peso extra o la maltrata de palabra. Hay hombres, pese a todo, que son peores que la Llama de la Puna, porque siguen caminando aunque la carga impuesta ya no les deja caminar. Las palabras de Martí pueden ser más gráficas y si les interesa no duden en consultarme. Hay hombres que prefieren ser indignos y sin decoro a ser mejores. Pero los hay otros, que no pueden vivir observando como sus pares pierden su decoro y su dignidad, y se entregan al fragor de la lucha por devolverles integridad y honradez. En la América de entonces, explotada, existieron tres hombres dispuestos a pelear por la Libertad de sus pueblos. Hidalgo, de México; San Martín, de Argentina; Bolívar, de Venezuela. Hay hombres a los cuáles por pelear por los demás se les deben perdonar sus faltas. El sol, sin ir más lejos, quema con la misma luz que calienta. El sol nos ilumina, pero también tiene manchas. Como los hombres. Los desagradecidos, sólo recuerdan las manchas. Nosotros, la luz.  

Martí traza los lineamentos y enaltece a los Libertadores del Continente Americano. De ellos, y de sus pueblos liberados, dedica las páginas de sus escritos. Ennobleciendo la causa iniciada, la continuará fatalmente en Cuba. Antes de morir, podrá descubrir que la lucha por la libertad de los cubanos la asumen esos hermanos protectores que vienen del norte. Recordará, en la tristeza final de su vida, aquellas bravas palabras de Bolívar: Los Estados Unidos, que parecen destinados por la Providencia a plagar de miserias la América en nombre de la Libertad.  Les hable muy por encima de la obra literaria de Martí. Porque quería quedarme con su definición de Honradez humana y Libertad popular. Simple, clara y concisa. El hombre honrado es aquel capaz de hablar y pensar sin hipocresías. La libertad, el derecho que tiene ese hombre a ser honrado. Nuestras libertades y nuestra honradez están coartadas, limitadas, pero sería arriesgado pronunciarse en sentido de que son inexistentes en la Argentina. Entonces por qué cuesta tanto sentirse digno en Argentina. Será que no somos capaces de hablar sin recaer en la hipocresía. Será que nos impiden hacerlo como debiéramos. Será, acaso, la conjunción de ambas. Y de ser así, como se cambia, entonces.  Les propongo, sin cirugías ni mentirillas de televisión, volvernos más guapos, como el decir de Martí. Les propongo que cuando sientan una injusticia ajena como propia hagan algo pequeño para remediarla, acaso para saciar nuestra propia sed por ser honrados, Acaso para legitimizar con hechos la tan ansiada Libertad por la cual tantos murieron. Les propongo, sin frases libertarias ni compromisos que no vayan más allá de nuestras propias conciencias, ser más guapos, como el decir de Martí. Les propongo que se tomen un tiempito de sus ajetreadas vidas para leer aunque más no sea unos renglones de este maravilloso escritor cubano. Les propongo, además, que llamen a ese amigo que tienen medio bandeado y les recuerden que la amistad es también un compromiso para salir adelante. Les propongo que sigan una noticia, de esas noticias farandulezcas que pululan en la opinión y le apliquen un criterio de sensatez que deben tener bien guardado ustedes en el armario de sus inteligencias. Les propongo, además, que me respondan este correo aunque más no sea mediante una línea. Les propongo, entonces, mandar bien al carajo a este borrachín en ciernes y a paso firme, si les desinteresa la idea.

Yo, por mi parte, más guapo que ayer, cuando terminé de leer a Martí, podré responderme a mí mismo: Valió la pena descubrir en el interior de mis emociones estas palabras sensatas y darlas a conocer.  

Acaso me vuelva más guapo con el correr de los días,

Acaso me vuelva más honrado hablando y pensando así,

Acaso asegure las libertades que otros denigran,

Acaso Martí, con el tiempo, también se olvide de mis manchas y se acuerde de mi Luz.

Acaso, muchachos, habrá ocasiones donde brindar como hasta hoy, tenga el sabor especial de una noble causa, por una vida mejor:

Salud, y hasta entonces.  


Sobre el Presidente,  Hay un mensaje con el cual me quiero quedar como completando mi pronunciamiento sobre Martí. Es sobre lo que transmite Kirchner. Cuando tiempos atrases, la política servía para algo más que para el enriquecimiento de unos pocos, una discusión daban los radicales a la oligarquía. Sarmiento, un prócer oligarca previo al Radicalismo, solía decir que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, algo que repite Lisandro de la Torre en 1897 con su famoso merecemos a Roca. La espresión oligarca disculpa a los malos gobiernos responsabilizando al pueblo de haberlos elegido mal. Tanto Alem como Yrigoyen plantean la oposición radical a este pensamiento: el pueblo no se equivoca jamás, depositando toda su fe en la determinación de las mayorías. Y si alguna vez hubo gobernantes como Roca o Menem, viniendo más cerca en el tiempo, fue porque el pueblo se desatendía de la política como cosntrucción nacional y hacía Patria por otro lado. Es decir, de los problemas de la República, o la culpa la tiene el pueblo que elige a los malos gobiernos, y se los merece; o ¿cómo responsabilizar a los pueblos de los males de la República si no votaban o lo hacían coartadas las libertades antes mencionadas por Martí…? 

Aunque haya elegido frases al azar, los dos extremos de las opiniones de principio de siglo pasado grafican lo que sentían los partícipes del poder versus los líderes de la multitud adormecida. Justificando sus errores, Sarmiento; ingenuos y crédulos, los radicales. Da la sensación que las frases se complementan. Y también se contradicen.  Arturo Frondizi, o uno de sus mejores seguidores, decía que la política es la expresión total del carácter de una persona. Y reiteraba, si no le gusta la política (el Radicalismo, donde militaba Frondizi) entre y cámbiela. Sino, no la critique…  Siempre he sostenido, más allá de querer coincidir con Sarmiento, Alem o Frondizi, que los Presidentes de la República, como los hombres de mayor rango de la sociedad, pueden ser, también, el símbolo de la sociedad que presiden. Napoleón, al hacerse ungir Primer Cónsul, dice algo así como No solamente me hago cargo del gobierno de Francia, También de su Historia.  Si el Hombre como Ser, alcanza el desarrollo total de su personalidad militando en política y la Presidencia es el más alto lugar de honor de un ciudadano, eso quiere decir que el perfil medio de la ciudadanía la tiene que dar el ungido que la preside. Ejemplo, Alfonsín era el líder-símbolo de una sociedad pretendiendo superar la Dictadura, enfrentándola, buscando responsables, renegando de sus complicidades, acorralado por la economía, sostenido en la movilización como motor de su gobierno para luego tranzar desde posiciones de fuerza, porque no se quería ir más allá. Menem es el individualismo: La Dictadura ya es pasado y la militancia es para los giles: lo importante es el bienestar económico, y a cualquier precio. El ciudadano medio que gasta a cuenta e hipoteca el futuro de sus hijos. De la Rúa es la siesta, el ñandú que no quiere afrontar las decisiones porque teme arriesgar lo poco que tiene, el ajuste para no empeorar el déficit heredado: el responsable de la bronca, las ganas de gritar y romper todo, de romperlos a todos: El ciudadano medio que debe hacerse cargo de las cuentas del pasado, pero se va a dormir hasta que los hijos le dan vuelta la cama y le suelta los perros.  

Y llegamos a Kirchner. Dejemos de lado las discusiones del presente. Esto me transmite Kirchner desde hace unos años: Un talentoso político de la periferia desconocida del país. Anhela una Argentina mejor, y se propone a concretarla, bordeando el rídiculo. Se asocia al Hombre que en su fuero íntimo tilda de “Padrino y mafioso”. Pero es el pacto para alcanzar su anhelo y su ambición. Acepta el padrinazgo, llega al sitial máximo, endulza los oídos del “Padrino” y le agradece por los esfuerzos recibidos. A poco va acomodándose en el sitial para despegarse del “padrino” y cuando finalmente lo logra, lo señala como el responsable de todos los males, al mismo tiempo que le come la estructura que tanto critica, con accciones no exentas de las que tanto desprotica. Es la nueva regla para cumplir su anhelo, y su ambición. Y entonces ya no puede dialogar, si alguna vez se lo había propuesto, porque a todos ve desconociendo los logros de su gestión quedándose en lo chiquito. Creo que Kirchner ha subido a la Presidencia para mejorar la situación de la “gente”. El cómo, es la discusión. Los intelectuales que le critican, ni siquiera me detengo en la oposición política, no analizan esto que es a lo que quiero llegar: El símbolo del ciudadano medio. Kirchner me transmite resignación, la negación de lo que decía José Martí. Acaso, la letra chiquita de la buena ley. Es decir, el ciudadano medio no puede ser libre para Ser, como refiere Martí, en tiempos de Kirchner. Para conseguir un trabajo, o lo que fuera, no puede hablar con libertad ni expresarse totalmente. Debe acatar la humillación circunstancial. Para llegar a lo que anhela, necesita una palanca que nunca pondera su talento sino una actitud genuflexa. Disimula su pensamiento y reprime sus quejas por miedo a perder lo conseguido. Aumenta cierto resentimiento. Espera una especie de oportunidad para vengarse y traicionar al que, por decoro debiera agradecerle. Cuando lo consigue, eso si tiene la suficiente suerte o capacidad para lograrlo, entonces ve a todos como dispuestos a moverle el piso. Y ya nada será igual.  Tal vez no he sabido explicarme por completo. Tuve que utilizar estas líneas, porque no puedo hacerlo verbalmente. Espero haberme hecho comprender, y en sus respuestas (que jamás llegarán, ya lo se) expresen su opinión.

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Published in: on 2 septiembre 2007 at 1:54 am  Comments (1)  

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