Lord Byron

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PERSIGUIENDO A LORD BYRON. 

Lord Byron represente quizás la perfección del romanticismo. He ahí, en él, la síntesis del poeta, del amante sin igual, del aventurero, del idealista, del frustrado marido, del amor imposible, del rebelde al conservadurismo imperando. Poco y nada leí sus poesías. Me he dejado arrastrar persiguiendo su vida de Ilíada, de aventuras heroicas. Analizando una época histórica, sin dudas la más atrapante para mi ser: la gesta napoleónica, la emancipación americana. Y he aquí, Byron, ajeno a estos sucesos trascendentales, pero espectador de lujo, vivificador de sentimientos que atraen a quienes nos consideramos románticos, idealistas, personeros de la justa causa. 

He ahí, Lord Byron. Te he perseguido desde el despertar de mi escaso talento literario, sin saberlo, sin conocerte. El gran anhelo vulgar, plagado de sueños de gloria efímera y duradera, vida servida a la ley del menor esfuerzo. ¡Es la envidia la que sacude mi sangre, la amargura de saberme imposible de emular siquiera una de tus páginas vividas! Pero sé quien cumplirá mi sueño, con honor, a él le dejo mi ideal, a él le ordeno que consuma la obra.  

He ahí, Lord Byron. Ahora es tu sombra quien me persigue, socavando mi espíritu débil, mi alma entregada al vil desánimo, a la pérfida derrota sin siquiera luchar, por miedo a empezar la lucha, por miedo a perder sin recorrer la derrota, ni queriendo recorrerla. He aquí, un traidor a tu legado. Cobarde y pusilánime. ¡Amén!. Dios salve a soñadores dispuestos a cumplir sus sueños más íntimos. ¿Cuáles son los míos? Me los llevaré conmigo, porque de decirlos, la posteridad me juzgaría de mezquino o de tonto, porque son alcanzables con tan poco esfuerzo.  

He ahí, Lord Byron. Tu sombra yace en mi espalda, sucumbe ya mi corazón iluso, áspero pero cariñoso con quienes quiero y ya… no quiero recaer en la despedida de Leandro, quien sucumbió aplastado por enfrentar la montaña. Yo ni siquiera hice fuerzas a tibias llanuras, mínimos montes. Ya han vencido mis pagarés, mis deudas me condenan, mi desaliento es irreversible. Confío en otros el alcanzar nuestra gran gesta: ¡Dios los provea de ánimos y más ánimos! 

He ahí, Lord Byron. Tu sombra me ha atravesado. Ya no puedo perseguirte,  

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