congratuletions, lanus,

Sergio Olguín en su columna del diario Perfil del domingo 2 de diciembre de 2007 dice que Manolo Quindimil entregó una nueva reelección en el partido de Lanús a cambio de que su equipo de toda la vida fuera campeón; Diablo lo tomó de quien venía, Diablo refiere también el intentar tentar a Sergio Massa, político de la localidad de Victoria (de donde es Tigre, el rival de Lanús) pero antes de ver al equipo el cual preside prefirió ser intendente lugareño, Interesante concepto que ahondaremos tomando su cuento como inspirador:
             En los primeros días de octubre de 2000, el Diablo se presenta el despacho del entonces vicepresidente Chacho Álvarez, golpeado por propios y extraños, agarrándose de no se cuantos rulos, de esos rulos que magnetizaron a la opinión mediática porteña y portuaria: y le dijo algo así, como
Chacho, justamente dentro de catorce meses tendrás la oportunidad de tu vida: De la Rúa va a mandar el país al carajo un buen 19 y 20 de diciembre de 2001, y serás Presidente y Salvador de la Patria…
No me jodas, demonio, y vete con tus malos augurios, que ya mucho tengo con las coimas en el Senado,
… pero si rechazas esta oportunidad que se te presenta, haré campeón a Racing exactamente una semana después del mayor desastre en la historia reciente de nuestro querido país – Diablo miraba por la ventana sabiendo que entrega el título de toda la vida a una parcialidad que le rechaza pero bueno, cuando se vuelve al sillón de Chacho, una silueta fantasmal de Chacho, queda, y Diablo concurre hasta la puerta y desde ella lo ve renunciar indeclinablemente por razones morales a la vicepresidencia de la República. Ruckauf, que andaba también con ensueños presidenciales, se rajó de la provincia bomba de Buenos Aires, para verlo a Racing campeón y poblarse la calvicie del quincho duhaldista; Cuando Racing salió campeón en 2001 aparecieron más hinchas famosos de Racing que la re-contra miércoles: Habían elegido obscultar su hinchamiento racinguista con tal que no supieran que ellos eran de Racing; Fue jodido ser hincha de Racing esos años terribles (35 años sin campeonar con Independiente ganando todo lo habido y por haber, yéndose al descenso y todo, al borde de la quiebra y la desaparición) 

Es difícil imaginar como en este mundo capitalista, competitivo y exitista, había gente que se hiciera hincha de Racing. Uno de sus hinchas más fervorosos, fanático barra brava, se hizo policía, ¡Mirá vos, justo!, para hacer el rondín del barrio y dar varias vueltas a la manzana, para sufrir menos. Terminaba sufriendo de más. Así que se dedicó a currar a las panaderías y a los pizzeros para, de alguna manera, consolarse con algo. Así nació el mito de los canas comiendo pizza, fainá y facturas.
                 Uno les terminó agarrando cariño con el correr de los años, cantaban más, llenaban tribunas si ganaban dos partidos seguidos. Tenían una ilusión encima, y estoy seguro que la mujer de un hincha de Racing en esas épocas era la más feliz de la tierra, Porque descargaban todo en la cama esos guachos. A uno los contagiaba la hinchada de Racing. Y uno los entendía. Soy hincha de un club que nunca va a jugar en Primera, en la puta vida, ni aunque tenga el poder de Dios para lograrlo. ¿Y por qué soy hincha de ese club de maletas?, Y, que se yo, mi viejo me hizo charrúa, radical y que me gustaran las mujeres, Sino me desheredaba. Con mi hijo me voy a conformar que se haga de Córdoba. El resto ni en pedo se lo exijo. Ya mucho sufro yo. Si me hubieran gustado los hombres, quien sabe, me hubiera ido mejor. Lo de Central vino después,
                 Era grande ser de Racing, y tengo familiares hinchas de Racing. Pero tener amigos hinchas de Racing en aquellas épocas aciagas era jodido. Los muy degenerados se sabían chiste fácil así que estoy seguro que sacando a Francela, Porcel y algunos más, se escondían y secreteaban. Y peor el cobrador de la cuota de los socios del club:
— Don Cosme, vengo a cobrarle la cuota de Racing,
— ¿Qué es Racing?,
                Y lo que pensaba el cobrador era que el guacho se hacía el desatendido para no pagarle. ¡Ma’ que no quería pagarle, pobre nativo! Se mudaba de barrio a barrio y el cobrador lo seguía en esa motito zanella que hacía el ruidito ensordecedor con una fotito del Chango Cárdenas en el manubrio y otra del Bocha Maschio en el otro, la gente lo veía pasar y se persignaba “¿puede haber hinchas de Racing y encima socios?: pobre gente” era el murmullo barrial creciente “¿y a quién vendrá a cobrarle?”, y lo escrachaban con el vecino de al lado, o el carnicero. ¿Cuántos carniceros habrá hinchas de Racing? Porque a la carnicería, antes, iban los hombres a hacer las compras. Las minas iban al verdulero. Y si hay hombres de amontones, seguro se habla de fútbol…
– Que mal anda Racing, soltaba un cliente justo después de pedirle seis costeletas, y el carnicero se agarraba un dedo en la sierrita. Seguro que los carniceros hinchas de Racing se extinguieron para no desangrarse o quedarse mancos o clavarse el agujón en el hombro. Ahora no sé si volvieron al rubro laboral. Ponele que sí. Tan más tranquilos.
Peor si en aquellas épocas te tocaba un canillita de Racing. Los lunes no recibías el diario ni por puta. Titular de Clarín de tapa: Empató Racing con Armenio de local. No te lo llevaba de la bronca. Y te lo cobraba, que es peor. En ese sentido barrial, el que la pasaba bárbaro era el verdulero. Todas minas, y si alguna se le ocurría abrir la boca, el típico tomate podrido a la bolsa.
                 Era lindo ser hincha de Racing, pese a todo. Iban a la cancha camuflados. Se tomaban un bondi que los dejara a seis cuadras, con el tren pasaba lo mismo. Y si llegaban tarde e iban en taxi, le decían al chofer que los deje en la tribuna visitante. Si lo escuchaban por radio, siendo remiseros, y llevaban pasajeros, se burlaban de sus propios jugadores con tal que no se supiera. Si tomando el vermouth lo miraban por tele en los bares, se hacían los desatendidos, los desinteresados, y hasta no gritaban los goles propios. ¡Cómo no quererlos! Era una religión, más que un sentimiento. Bastante cristiana. Poner la otra mejilla, los últimos serán los primeros para conformarse, una semana santa por año. Entonces surge la vida de este personaje amigo de mi tío de Racing, que como lo desconozco, asumiré que todo le pasó a mi tío y por pudor eligió inventarse un amigo para no confesar que era él, el personaje de todas las desventuras.
                Una vez, en uno de esos partidos que Central le solía ganar a Racing, y la platea empezaba a insultar a los jugadores, al árbitro, a Destéfano[1], su viejo se empezó a cagar de la risa. El personaje lo quiso frenar porque la muchachada se le venía encima.-¿Cómo querés que no me ría, si yo soy un viejo que al menos lo vi salir campeón a Racing y ustedes se van a morir sin verlo dar la vuelta?
                 El amigo en cuestión estaba en la mala. Mala, mala. Pero no se quejaba, esa era su dignidad. La mujer le metía los cuernos con el jefe suyo, la hija falopera y putona, saliendo con un sobrino de Bochini[2], el hijo trolo y bostero, el perro se la mandaba a guardar al gato, la suegra separada, viviendo en su casa, y caliente con él,  y cosas así. Lo rajan del laburo, y tenía la peor de las suertes. Una vez me lo crucé, me saludó, no tuve suerte una semana seguida. Con semejante currículum le dejaron de saludar hasta sus íntimos. Y cuando se supo que era de Racing, peor. Iba a la cancha, y él, que era precavido, precavido, no gritaba ni los goles, y estuvo diez años yendo a los clásicos a la tribuna de Independiente. Y fue la época que Racing les ganaba siempre. Pero…  Mojigato como era, pese a eso festejaba como un loco un partido contra Estudiantes que ganaban uno a cero, y cantó como tantos: – ¡él, él que no cantaba para no transmitir malas ondas! – “Se van para La Plata con el culo roto”. Corner en el último instante del descuento, sube chiquito Bossio[3] y les empata de cabeza…  Dejó de ir a la cancha.
                 Se hizo burrero, y perdió hasta la casa. Su viejo murió de un infarto en la cancha. Fue a misa a exorcizarse, y le descubrieron un gualicho en su contra. Para salvarse tenía que cambiarse de identidad, engañando el gualicho, y hacerse, entre lo que más le dolía, de otro cuadro. Que maldición. Entonces el padre se le apareció de fantasma: “Te perdono hasta que le hayas contado a la vieja que la engañaba, pero dejar de ser de Racing, no”.
                 Desde entonces le tomé cariño. Pero un día me lo crucé angustiado, desaliñado, perdida la vista en el horizonte. Sabía que andaba mal, y metí la mano en el bolsillo, unos pesos no se le niegan a un croto.
— Maestro, que te pasa.
— Estoy mal, muy mal,
— era la primera vez que reconocía ante extraños su mala suerte.
— Bueno, bueno, ya te vas a recuperar,
— ¡Cómo querés que me recupere, hermano!, Hoy me desperté pensando que Racing podía dejar de existir. ¡No hay derecho, viejo! No hay derechos, ¿Qué será de mi vida sin Racing?
— y se largó a llorar con inevitable ternura,
                 Fue un momento dramático. Eran los tiempos de la quiebra, de que el club cerraba y no jugaba nunca más, que llenaban la cancha los domingos pero no podían presentar equipo, un cura Cayetano exorcizando la cancha, el redoblante en el ojo de Lalín[4], el club gerenciado y las hinchadas rivales gritándole que son una empresa. Eran épocas jodidas. El tipo había sufrido el tren pasándole encima, y sólo le importaba su Racing desaparecido. Aunque si uno se lo pone a pensar, cruz diablo, Satanás, ¡Si le llegase a pasar a uno! Los hinchas de Temperley lo sufrieron, estuvieron como cuatro años sin jugar…
                 Después vino el campeonato que no pudo celebrar. Se había muerto meses antes, sin poderlo ver campeón, sufriendo una lucha por no descender del campeonato anterior, sabiendo que arrancaban con el peor promedio para la siguiente temporada. Cuando la suerte es grela…  

Los hombres de la república, pensó Diablo, entregan el deseo de sus vidas por ver campeón a sus equipos. Macri me pidió la jefatura de gobierno a cambio de pésimas campañas en torneos locales; Perón entregó el país al gorilaje con tal que el Racing de 1949 ganara de una buena vez un campeonato que se les venía negando desde la época amateur en 1928, y robándoselo a los pobretones de Banfield: el Alfonsín de 1989 prefirió el caos con tal que su Independiente le ganara el campeonato a los calzonudos de Boca, y Menem no tranzó en nada, porque a él le alcanzaba con ser como era, y punto,
             Diablo me ofreció declinar, entonces, mis ensueños de Presidente y me daba a Central campeón; Pero yo le respondí, te entrego el alma para ser Presidente; Tontos políticos, yo desde el poder entro a tranzar a troche y moche con Grondona, y mediante prebendas de todo tipo y tenor lo saco a Central campeón de América, Hasta con Lula, Calderón, Evo y Chávez tranzo, le entrego botnia como loco a Tabaré, y así pos sí, Diablo me entregó su mano azufrosa y se fue contento, silbando, bajito, contento, alegre, de ser como quien era;
             Los hombres de la república tan dispuestos a arruinar sus planes con tal de ver a sus equipos campeones: Perón arruinó al país por ver campeón a Racing pero yo le dije a Diablo que todo lo malo empezó en 1930:
– ¿Y qué te creés que pasó entonces? Le ofrecí al Peludo Yrigoyen dejar a Uruguay salir campeón del mundo en el Centenario a cambio que Uriburu no lo derrocara el 6 de setiembre,
Pero lo cagaste al Peludo, entonces
No, no, mi querido amigo, Yrigoyen entregó el gobierno el 5, o sea que Uriburu, la patada en el orto se la dio a Martínez, su vice;
Macaneador!

              El hombre de la república es más tonto de lo que pensaba, se dijo para sí Diablo; Le ofrezco mujeres, poder, dinero, felicidad eterna y eligen ser campeones de sus equipos: Yo ya me retiraba feliz, contento de haber vencido a ese malvado y rencoroso guardián de los más inmundos chismes, cuando presentándose en forma de Ogro de las historietas, me dijo:
Pero verlo a Central Córdoba en primera, eh….

             “Concha de su madre, Hijo de re mil de putas” me dije para mis adentros, me cachó: ¿Cómo le explicó después a mi viejo y a mi abuelo, en el más allá, que teniendo una nueva oportunidad de subir a primera me anduve haciendo el prurito? Vendí el alma, pues, pero le pedí unos chanchitos a cambio, Que se yo, uno nunca sabe… 

SALUDOS, LANÚS, NOBLE CAMPEÓN!!
Salud a todos los que vendieron su alma por verte campeón, 


[1] Presidente de Racing en sus peores horas;

[2] Bochini, ídolo de Independiente y el que más veces vacunaba a Racing,

[3] Arquero de actual campeón, Lanús,

[4] Otro Presidente de Racing pero en su peor, peor hora;

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Published in: on 4 diciembre 2007 at 10:18 am  Comments (1)  

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One CommentDeja un comentario

  1. A la hora de pactar con el maligno, los argentinos prefieren ver salir campeones a sus equipos antes que pedir dinero, poder, mujeres, fama, gloria, etc.
    Exelente reflexión. Esto habla de nuestra mentalidad colectivista, de lo q somos como pueblo los rioplatenses.


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