Cuentos Vulgares IV; Responsa a Santiago

NADA; MARCO ANTONIO TUVO MIEDO; 

Comenzar siempre con una noche de luna desvela al narrador; Cuántas veces este recurso se ha utilizado, Plagiando a quien corresponda, se encontraban dos viejos amigos a la vera de un riachuelo;

Uno de ellos, que no era más viejo, tampoco tan joven, ingresó a la carpa del otro, quien bebía café, concentrado en lecturas y escrituras de cartas de idiomas in-entendibles; La carpa venía a ser una especie de tienda militar de esas que pululan siempre en las aventuras épicas que Holliwood suele bastardear; El que no era más viejo ni tan joven, de claros ojos como esos riachos en que solía aventurarse, retrocedió, volvió a ingresar y carraspeó,
Te oí, entrar, no disimules – le dijo el que seguramente tendría que ser más viejo, siguiendo con sus lecturas y escritos. El ingresado ensayó una explicación. Se aventuró con filósofos que solamente él conocía mientras el otro, desatento, le seguía la conversación desde lejos, como si consultara con un lector invisible, un escritor tal cual, y un oyente presuntuoso; El de ojos claros imaginó locura en el sentado, pero le siguió hablando:
Sabías… le interrumpió el sentado, dejando el tintel sobre la mesa Sabias, Que Marco Antonio se mató quitándose la vida, usando la espada contra sí mismo, engañado por el fiel esclavo de su amada Cleopatra, y pidiendo verla por última vez, murió en sus brazos: Heroica y digna muerte de un romano, pero muerte al fin, ¿Nos espera la misma suerte, amigo, mañana en el campo?
Entonces se levantó y se dirigió a su amigo quien intentando darles ánimos le hablaba de generales y batallas perdidas en los libros de historia que el otro escribía, dándole matices inconfundibles;
Míralos… le interrumpió, palmeándole la espalda Descansan nuestros hombres, Algunos de ellos se aventuran y descansan a la intemperie, pues el calor de las tiendas de campaña en este clima hostil entorpece todavía más el desgano de un Hombre cuando piensa, en la víspera de una batalla, que puede matar a otro y morir él mismo por causas que puede desconocer;
            El otro le habló de los prodigios que se logran cuando hombres cuales-quieras ellos se reúnen al llamado de una bandera insigne y que los convoca por la Gloria y la Patria; Su amigo esta vez le escuchaba en silencio, terminándose el café y observando las montañas que se divisaban en el horizonte que tanto le gustaban al otro; Arrojó al suelo lo que quedaba, tal vez porque quedaba frío, o no querer tomar la borra, y observó nuevamente el campamento
Mira nuevamente, Hemos organizado este campamento, pero ambos sabemos cuánta mentira radica en él; Es un campamento de los que acostumbras, y puedo agregarle, dados mis conocimientos en la materia, “militar”, pero si observamos bien, las tiendas blancas de esas que el Séptimo de Caballería organizaba como nos muestraron las películas pueden ser sábanas de fantasmas, ilusiones de dos ilusos más que ingenuos, y los cuerpos que se amontonan por doquier embolsados en frazadas y menesteres no son más que bultos que surgen como montañitas del suelo; Todo lo que vemos, no es más que otra mentirá más, Pero en la que vale la pena creer;
            Entonces lo miró, y su amigo se sonreía con los ojos brillosos del frío que empezaron a sentir entonces; Ambos volvieron a mirar el campamento, voltearon para escuchar con la vista el murmullo que venía del otro lado del campamento, lejos de la montaña, pasando el riachuelo; Era el campamento enemigo, cuyas antorchas identificatorias eran muchas más que dos, zigzagueaban y amedrentaban al viento que intentaba, en vano, apagarlas;
Nuestros enemigos son muchos más; Pero piénsalo de este modo, El Campamento enemigo que tanto nos atemoriza puede no haber nadie en sí, y todo sea invención nuestra; Nos bastaría entonces, un corcovo de nuestros caballos hacia allí, y vencer sin derramar sangre; Pero no están escritas las cosas para que algo así suceda;
            El otro le habló de los enemigos numerosos que no pudieron vencer ejércitos pequeños; Le recordó de historias que él mismo le había contado, y suponía que podría haberlas escrito mejor;
El vikingo vendrá?, le preguntó temeroso y tristón, como si extrañara su compañía
            El otro, de ojos claros como el mal, a quien llamaremos ya Su Lugarteniente mejor, le recordó de un casamiento triste, lo hizo reír con las escenas payasescas de ambos aquella vez, y volvió a describirle su decepción con aquel exilado rojo, pero no comunista ni de independiente,
Habrá tambores indios en mi retaguardia?
            Su Lugarteniente mejor le recordó anécdotas juntas pero también se tomó atribuciones para juzgarlo a éste por esconderse tras la falda de su madre, y no correr tras los pasos amigos, enfrentando la corriente de los años,
Sabes cómo pasó los días previos Marco Antonio a su fin… le interrumpió nuevamente Rodeado de todas sus camaradas, a las cuáles ya había despreciado antes: Marco Antonio hacía tiempo que había dejado de ser un Romano, Se había perdido en el alcohol y vacuas fiestas, despreciaba al amor de su vida porque había estado con otros antes, dejaba para mañana lo que debió hacer ayer, y humillaba a sus camaradas; La batalla final que debió producirse esa mañana, encontró al campamento vacío y a su mejor amigo muerto queriendo detener la huida general; Quiso enfrentarse él sólo a todo el enemigo a donde, inclusive, sus camaradas se habían unido: Al enemigo lo llamó Octavio, porque comparado con él iba de octavo, y enfrentado a Roma, que llamaría a aquel “Augusto”, abandonó el campo humillado, solitario y final;
            Entonces el interruptor, el que estuvo sentado, al que llamaremos Capitán, palmeó a Su Lugarteniente mejor, No te me aparezcas muerto mañana, pero en el fondo los dos sabían que Su Lugarteniente, si todos huían, también se iría;

Su Lugarteniente mejor le despertó en la madrugada; Se vistieron de oficiales de granaderos y salieron a las primeras luces del sol;
Si hemos llegado al día de hoy, por algo debe ser… Sabías que Marco Antonio, a la muerte de César, era el hombre fuerte de Roma, aniquiló a los asesinos de su amigo, pero aunque heredero de su fortuna y poder, prefirió dividir el Imperio en tres, cuando pudo tenerlo todo, por que le ocasionaba haraganería gobernarlo entero, y se fue a Grecia, armando todos los días, “la gran campaña al oriente, la misma que César no pudo terminar”, y entonces se perdió su grandeza; Se subieron a sus caballos y cabalgaron hacia el campo de batalla,
            Entonces, pasando revista a la tropa, pudo verse a la izquierda las tropas rojas del Vikingo y oyéronse los tambores indios a la retaguardia; Su Lugarteniente mejor, dijo: A nuestra derecha, vendrán las rengas tropas que siempre están cuando están, pero no entusiasman a nadie ni a ellos mismos, y eso que son los que tienen todo para Ser; al frente, en nuestra vanguardia, siempre temerarios, tropas caribeñas de tonada conocida, de escasas cabelleras, y no tuvo, entonces, reproches que hacer,
Que gran ejército mandamos, mientras Su Lugarteniente mejor al que podríamos llamar su amigo le hablaba de las victorias de los combatientes bien encausados y adiestrados para triunfar o perecer del intento,
Ojalá nuestros combatientes de adelante peguen algo de lo tanto que se promocionan… pero entonces no dijo más, Oró al cielo y arengó a sus hombres, que exclamaron a los cinco vientos su tributo de Vencer o morir,
Sabes, cuando César cayó asesinado, Marco Antonio dio un extraordinario discurso en sus funerales que lo convirtieron en el más amado de la multitud; donde se viera ira se hizo justicia; barbarie, civilización; y desidia producto de la borrachera, ocio merecido tras tanto ardor patriótico; Donde hubiera un bufón se hizo un Héroe y un Capitán; Y el Pueblo lo amó para ungirlo el mayor entre los Romanos, Eran los idus de marzo, y todos recordaron su honradez;
            Entonces, se calló bruscamente,
Pero nuestras tropas no son más que fantasmas, ilusiones de dos ilusos más que ingenuos, de los cuáles nada cabe esperar; Al primer entrevero con el enemigo desaparecerán, y al primer mazazo que intenten dar no ocasionarán ni cosquillas, porque nada que no existe puede golpear nada de lo que intente; Creer lo contrario vale la pena una causa, pero no se si la Muerte; y dicho eso desenvainó su sable que resultó ser un tramontina, y se lo clavó entre las tripas;
            Su amigo le ayudó a mantenerse erguido, mientras le oía quejarse; Entonces se oyeron los clarines enemigos, musicalizados y que indisciplinaron a sus tropas, Cubrían tres veces más territorio que las suyas, Herido y amigo, observaron con acritud,
La posición enemiga que tanto nos atemoriza puede no ser nada en sí, y todo sea invención nuestra, nos bastaría pegar dos gritos a los seis vientos para despejar el asunto; Pero la sangre debe correr para que se entienda que es lo que pasa, No existe enemigo como tal, Lo hemos puesto enfrente nuestro, Tres, Cuatro veces más fuerte y prudente que el nuestro, pero para justificarnos; Aquí no hay batalla ni sangre que derramar, pues no hay ejércitos dispuestos a combatir; Nada tenemos ni nada tememos; Pero ni uno ni otro, justifica el Que nada Seamos hoy; Nuestro ejército no existe, Lo hemos inventado para justificar nuestra magra existencia; Y hemos cuadriplicado la existencia de un inexistente enemigo, para excusarnos de librar combate, y con ello, esconder que somos Capitanes de Nosotros mismos y nada más, ¿Pero qué Hombre está verdaderamente solo en su lucha contra la Vida que nos adormece y atormenta? Marco Antonio tuvo todo para Serlo, pero escogió la haraganería, la diversión vacua, despreciar al amor, estirar el cumplimiento de sus mayores anhelos, mentirse cuando abandonarlo todo por aquello que decía amar, y encontrarse con la Dignidad de sí mismo, recién en la muerte y en los brazos de Cleopatra, su amada; ¿Por qué obraría así aquel valiente? ¿Y por qué nos parecemos tanto a él? ¿Dime tú, quién es César, y quien nuestra Cleopatra?
            Su amigo le auxilió a bajar el caballo, y prendió fuego con unas ramas; Mientras le cebaba mate le respondía las preguntas con aquel que asentía como dándole la razón pero también a un tercero, invisible, y el Amigo meneó la cabeza pensando que estaba loco, y el Loco, al devolverle un último mate, musitó aunque se escuchara,
Miedo, Solamente, Tengo miedo,    

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Published in: on 13 diciembre 2007 at 4:44 pm  Comments (2)  

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2 comentariosDeja un comentario

  1. pobre Calixto. Le tenía miedo a la montaña. Te acordás qué aventura por las sierras…
    Cómo te hiciste el boludo para no cargar el generador.

  2. Inteligencia que llaman, ha de ser.


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