El Evangelio según Satanás V

6- Vida de Jesús, 

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El llanto de un niño en un establo. Famosa forma del advenimiento de un mundo nuevo.

El calor israelita suele ser insoportable, donde encima hay poco agua. Sufrimiento dicta su clima. Pero ellos han sabido acostumbrarse. Temperamento bondadoso, desconfiado, reservado, y brioso cuando se meten con el dinero, el pueblo hebreo, el divino pueblo hebreo, ha sido perseguido desde los confines de la humanidad hasta nuestros días. Y ellos son buenos para el papel de artistas y víctimas. Son tan apegados a sí mismos, tan sabios en lo que tienen que obrar, en el papel que les compete en la tierra, que muchas razas ajenas a sus credos los odian. La envida, la incomprensión, y el rechazo visceral complementan el cuadro. Nunca me gustaron los israelitas. Demasiados castos, desde que eligieron las tablas en vez de al becerro dorado. Prefiero la lujuria y el derroche que ellos no contemplan. Pueblo moral y sereno, es la Nación para las grandes familias. Pero hete en mí, soltero a gusto, que para qué los quiero de adoradores. No me convienen. Somos agua y aceite, pero no nos llevamos mal. Siempre me han dejado un chivito para asar, y yo me hacía cargo de sus “pecadillos”. Buen intercambio de comercio. Pero ay, cuando escuché a quien solicitaba arrepentirse de los pecados pues él se haría cargo de ellos ante el Dios Omnipresente. Como que se me acabó el curro con los israelitas.

  Las pocas veces que hablamos con Dios de asuntos urgentes, suele decirme que no hay mejor rival para él, que yo. Puesto que vengo bien con mis argumentos, derrapo con alguna ironía, o sorna, o burla y me termina venciendo. Pero ese es mi lema. No construir nada que me pueda confundir después. Destruir es mi obra, acaso no permitir construcciones largas en el tiempo. Dios, gran tiempista, chocho con su eternidad, paciente constructor del mundo mío, me ganará  la partida y la guerra cuando ponga de acuerdo a la Humanidad. Uniformidad imposible. Que esperen tranquilos el Apocalipsis los mentecatos. En tanto y en cuanto, déjenme administrar las épocas. Aunque mi virtud es la dejación absoluta. Haced como les plazca. No me molestéis.

 El llanto del niño naciendo llamó la atención de unos cuantos pastores, un trío de magos y la ira del rey sanguinario. Por esos días yo llegaba a Israel. Algo tarde, por cierto.

  Afinqué en las cercanías de Jerusalén. Solté un par de esos diablillos traviesos que suelen generar complicaciones al humano, y me despaché con uno de mis últimos chivitos. Siesta, y desorganización de lo por venir. Si han entendido.

  Adopté una fisonomía castaña de ojos claros, barba candado, bien vestido, elegante y perfumado con aromas de Arabia. Túnica marrón caballo. Sandalias de cuero de cordero y suela de cocodrilo. Yacaré argentino, en realidad, para gloria y dicha de ese pueblo vano y vacuo. Aros hindúes. Y piel tostada semita. Para no pasar desapercibido. Informantes por doquier que me requerían a cambio algún dinerillo de fácil factura, o chicas o chicos, según las extravagancias del caso.

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  Aunque la desolación y los lamentos son de mi agrado, porque me recuerdan la tristeza y las necesidades del hombre por acudir a mí, tampoco me gustan los excesos.  La matanza de niños semanas después del nacimiento en Belén me disgustó de sobremanera. Y para desorganizar la nueva Israel, hice matar a Herodes, como escarmiento a sus extralimitaciones. No era el caso de presentar una situación política caótica para que el Salvador que llegara encima fuera un Libertador de Pueblos. Asumieron un par de esos mentecatos, de esos que todo lo llevan a la desidia. Un pueblo aburrido, rebaño y apático es lo mejor que puede recibir el Salvador ese. Tendrá que esforzarse para entusiasmar a estos avaros religiosos y desposeídos de idealismo, conformistas y pesimistas a un cambio urgente. Hasta complacientes con la dominación romana que les permitía llevar a cabo su culto. No olviden que soy un buen político, ante todo. Y que si sé algo, es más por político que por viejo o diablo.

  Había juntado un buen grupo de colaboradores terrenales, además de aquellos diablillos simpáticos. El centurión romano Marco Tulio Folco, el rabino Jacobo, el recaudador de impuestos Lázaro el Meticuloso, y el labrador empobrecido Juan el Iscariote. Lo bueno que tienen estas religiones morales es que siempre se desprende de su seno una secta que propone medidas extremas en cuanto a la ejecución de su credo. Pragmáticos, ortodoxos, heterodoxos, liberales. Entonces uno puede andar por las calles exhibiendo su credo sin que lo molesten las mayorías ni las autoridades, “Ahí va otro desquiciado”. Y puede juntar al gentío a que lo escuchen, y convencer a nuevos seguidores. Aquellos hombres no sabían quien era yo. Ellos me creían su Maestro, y me aproveché de su ingenuidad.

  Desde los tiempos inmemoriales Dios ha dado a los Hombres la esperanza de la venida de un Hijo de su propio seno quien vendría a rescatarlos de los oprobios y las garras de los malvados. El error hebreo fue no saber interpretar la noción de rescate y malvado. Pensaron siempre en un opresor terrenal que les coartara la libertad política de la que habían hecho gala en los tiempos de David y Salomón. Y que el “Rescatador” sería otro Moisés, superior y mejor.

  Jesús reunía los requisitos para ser un buen Mesías. Carpintero como su padre terrenal, hacía unas buenas sillas de paja. Lo de pescador lo aprendió después.

  Había nacido una noche buena y su concepción todavía me genera trabalenguas. ¿El chocho del Creador bajó a la tierra y fecundó a María? Mm. Pero bueh, démoslo por cierto. Tuvieron que huir de Israel para evitar las matanzas de Herodes y se dirigieron a Egipto. Yo me quedé unos cuantos años en Nazareth con los otros hijos de José, hermanos mayores de Jesús por parte de la otra mujer del Carpintero. Sembrando cizañas y oprobios, Que cómo José quería más al niño Jesús y esas cosas que generan resquemor, celos y envidias.

  Estando comiendo uno de mis últimos chivitos, el Centurión Folco me contó de algunas anécdotas llegadas de Egipto. Que un niño daba lecciones bíblicas a los clérigos locales que no se habían escapado con Moisés siglos antes, Y que predicaba su buena nueva, siendo tan niño apenas, entre las putas locales. Me rajé para allá.

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Linda perrita para esas noches de frio en Egipto

(No olviden de entrar en www.vulgaria.wordpress.com)

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Published in: on 20 marzo 2008 at 6:04 am  Comments (3)  

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3 comentariosDeja un comentario

  1. JAJAJ!MUY BUENO, PERO CON UNA CHICA COMO ESA NO ME CASARIA!!JAJAJ!!

    • JAJAJAJA, Y bueh, en esas andamos!


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