La muchachada del norte, y Belgrano

Belgrano se presenta ante la tropa, ordena desplegar bandera, desenfunda el sable, y vocea a los gritos, con esa vocecita firme que tantas bromas el destino le deparará en cada vuelta de la esquina. Sigue los pasos de su primo, quien se perdiera entre polleras, voletearismo y ese cáncer que le extirpa la lengua, ¡Él, quien fuera llamado el orador y la voz de la Revolución! Yo soy la Revolución, farfulló. Pero Belgrano, clave, docto e imaginario; se retuerce de dolores en esa marcha entre paisajes tan bellos como la Libertad misma; Gieco le canta con su acostumbrada demagogia, y Belgrano va y va. No sabe, no puede saberlo nunca, que será lo más grande de la Patria. Siguiendo sus pasos con acostumbrada pachorra, Belgrano no sabe detrás: Por eso aminora la marcha y da órdenes de esperar. ¡Mujeres, no!, grita Belgrano, pero las tilingas se nos han unido y marchan con ritmo y tesón: ¿Acaso Juana Azurduy no es grande entre grandes? Pero Belgrano se exaspera, y la soldadesca reniega del generaducho: De ese noble y digno abogado CHETO convertido en el más croto de todos, que se abraza con San Martín en Yatasto e intenta ablandar a ese terco y burócrata de Moreno. No podrá congeniar jamás con Saavedra, Artigas ni Güemes. Y ¡Mujeres, no!, vuelve a gritar. La reflexión atañe a Bigote mientras otro pinta, un par timbra y la otro par sale a caminar: ¡Como caminan estas pibas! Belgrano está a la puerta de Tucumán Nosotros ni pasamos por ahí ni la casita de Bazán Laguna, Dorrego, loco e irrespetuoso, se burla de su tocayo Manuel, Gieco se la agarra con el imbécil que siempre hay, No hay que pensar en nada cuando todo salga, Las rastas del Turco acampan a la vera del río, Mientras escapa con algún albedrío. Volvieron las pibitas y Belgrano se exaspera: ¡Mujeres, que no! Pero nadie le hace caso, ya, pobre general, Blanquito, rosáceo, y todo, Tenemos, museo, y lodo, Extrañamos, creo, a Frodo, Ayer tiré, tuttolomondo, ¿Era por el limón y el mundo? Que tipeco inmundo Ahora Belgrano ordena partir y nos deja atrás, sin dejar decir: La Patria es Grande, Enciendan cigarrillos, que si nos topa el enemigo, les ofreceremos fuego, Ya tenemos estandarte que nos diferencia del resto de las naciones del globo, ¡Cállese, le dijeron! Pero él, valiente, nos alienta y arenga hasta morir

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Published in: on 23 febrero 2010 at 12:59 am  Dejar un comentario  

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