24 de mayo de 1810

Belgrano corazón

Conocida las votaciones del Cabildo del 22, Cisneros dio las hurras y preparó las maletas para rajar: No sé sabe si dijo, “que baraje otro” (vieja frase de los que escapaban al Uruguay luego de conspirar contra Rozas) o “yo me borro” del jefe sindical en tiempos de Isabelita. La cuestión es que cuando ya estaba con un pie en las gradas del roído puerto porteño, un cabildante le dijo: Eureka!

Hete aquí que uno de los votantes de ese histórico 22 había subrogado la dependencia criolla con España y que se proclamara una Junta como las de la península para que se haga cargo del berenjenal. Era la tesis que le habían suministrado a Cisneros en Cádiz cuando se vino para el Plata. “Si ves que la cosa se va al carajo, armate una Junta como las nuestras y arreglá con los ingleses”. Mucho la idea no le había gustado – él era sordo de Trafalgar, la batalla marítima por la cual los británicos bribones se hacían cargo del mundo – pero estaba dispuesto a hacer el papel de “Padre de la Patria” reuniendo todas las voluntades. Entonces realizó la mayor proeza cisnerista para quedarse en el cargo de virrey pero no como virrey: Una Junta Conservadora de los derechos de Fernando VII en Buenos Aires con él como presidente!! Coya gorda, diría Oaky.

Habló largo tendido con varios actores políticos de la hora y convocó a la misma a Incháurregui, del partido sarraceno de Martín de Álzaga, el cura Solá por el clero (Lué no era tragado), Saavedra por las milicias y Castelli por los políticos. Una lista consensuada y patriota. El 24 se le informa al Pueblo y parecía que todos estaban contentos con la jugada. Ese 24 a la noche Castelli y Saavedra (justo ellos!) están en el Fuerte a los brindis con Cisneros, rogando a Dios por años de protección para que todo salga bien. Hasta que, claro, se enteró el Pueblo de verdad,

Moreno

– ¡Pero Castelli es pelotudo o se hace!! Saavedra vigilante, tenés que renunciar, Ole olé olalá!!- El fiscal Villota, el del gran discurso regalista el 22, fue vapuleado a golpes el 23 por una muchedumbre enfervorizada. Belgrano, que caminaba a lo de su amante, recibió una amenaza similar:

– Che, Belgrano, jugatela por la Patria o te quemamo’ la casa, rati!! El secretario del consulado, compungido, convocó a sus muchachos a la casa de los Rodríguez Peña, que siempre ponía el mate, los churros y las esclavas para que los patriotas descarguen tensiones.

Reunidos en lo del Peña que no se rajó del país (Nicolás) al doctor tranquilo se le escapó: “Juro a la Patria y por las armas, que al amanecer del 25, de no renunciar, sacaré a Cisneros por la ventana de ser necesario”; Sus palabras brotaron aplausos y exclamaciones y el típico “Muera el sordo” etc, etc.

Un grupo se fue al Cuartel de Patricios a arengar a la muchachada, otro a la Plaza de Mayo a armar barullo y otro a buscar a Castelli para que renuncie ya mismo a esa junta de Perogrullo. Feliciano Chiclana, el matón de los patricios, fue enviado por Martín Rodríguez y Juan José Viamonte para que acompañe a French y Berutti en los menesteres de copar la Plaza. Eran “los punteros” de aquellos días.

Feliciano Chiclana era un hombre de corazón grande, simpático, entrador, que le caía bien a todos. Tenía carisma, sería la palabra. Figura de segundo orden en aquellos días mayos, era chispero y arrabalero, y se metió de prepo en el Cabildo, donde ya estaban reunidos los cabildantes al conocerse el malestar en los regimientos criollos con la continuidad de Cisneros en el poder.

– ¡Vengo en nombre del pueblo a que renuncie el montonero Cisneros: que se vayan todos!

– Usté quien é’ que viene en nombre del Pueblo: Marche preso holgazán, le dijo Lezica, el alcalde de primer voto,

-Vos sos boleta, Lezica, sabelo.

Pero la solución fue peor quel problema: Porque Chiclana fue llevado detenido al… ¡Cuartel de Patricios! Donde lo esperaba la multitud para que los arengue, los arremoline y los lleve a la Plaza a romper todo, En ésta ya estaban French y Berutti con sus escarapelas y todo dado para romper todo de a de veras.

Lectura obligada

En el Fuerte, en tanto, ajenos a estos sucesos…

– Doctor Castelli, capitán Saavedra, brindemos por la paz y el regocijo del pueblo y Su Majestad,

-¡Salud!

En ese preciso momento ingresó Belgrano al salón de lo brindis llamando a Castelli aparte.

-Juanjo, hay lío en las calles,

– Con qué?

– Tenés que renunciar porque el pueblo se manifiesta en contra de la Junta y quiere que Cisneros se vaya o rompen todo,

– ¡Carajo! ¿Y ahora qué hacemos?

Con paso firme pero totalmente dubitativo de lo que estaba por realizar, Castelli se dirigió a los que brindaban alrededor de Cisneros, vestido de gala para la ocasión. Saavedra, también se acercaba, informado por Viamonte de lo sucedido, se puso al lado de Castelli, y dijeron…

continuará

Castelli pueblo y patria
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